Muerte y aflicción en la familia: Consejos para padres
(Death and Grief in the Family: Tips for Parents)
Por James Batts, PhD, NCSP
Universidad de Eastern Kentucky
Nuestros niños crecen en una cultura que evita expresar aflicción y trata de negar la inevitabilidad
de la muerte. La realización de que toda vida debe algún día terminar es uno de los conceptos más
difíciles con el que nosotros, como adultos, tenemos que lidiar, y es uno de los conceptos más difíciles
que debemos enseñar a nuestros niños. La muerte está alrededor de nosotros; sin embargo, como
padres creemos que si no hablamos sobre ella con nuestros niños, la muerte no los tocará.
Los niños enfrentarán muchas muertes que tendrán un impacto en sus vidas diarias. Algunas de
estas muertes se pueden haber anticipado, y otras pueden ser súbitas. Los niños podrán tener que llegar
a la realización de que un amigo, un hermano o un padre ha muerto, o que ellos mismos también,
morirán. Los niños necesitarán ayuda de los adultos para entender lo que está sucediendo y típicamente
recurrirán a ellos como modelos para lidiar con la muerte.
El entendimiento de los niños de la muerte
Niños en edad preescolar (2 a 6 años). Generalmente alrededor de los cuatro años de edad, los
niños tienen un entendimiento limitado y vago de la muerte. Los niños de esta edad generalmente no
piensan en la muerte como un suceso permanente. Pueden creer que es reversible y hablar de realizar
actividades con esa persona en el futuro. Los niños en edad preescolar frecuentemente participan en
pensamientos y juegos imaginarios. Pueden creer que si rezan o desean algo lo suficientemente fuerte,
pueden traer a la persona que falleció a la vida. Un padre o madre puede oír por casualidad a un niño
diciéndole a un amigo: “Mi mamá no está muerta. Ella está visitando a mi abuela”.
Los niños pequeños pueden conectar sucesos o cosas que no pertenecen juntas. Un niño o niña
puede decirle a su hermano que lo odia, y un tiempo corto después el hermano tener un accidente de
carro y fallecer. El niño puede no sólo sentir culpa por lo que dijo, pero puede sentirse también
responsable de causar la muerte de su hermano. Como padres y personas que proporcionamos cuidado
a los niños, debemos desconectar estos sucesos en el pensamiento del niño o niña, asegurándole que
los sucesos no están relacionados de manera alguna.
Niños en edad escolar primaria (6 a 9 años). Los niños de esta edad han comenzado a comprender
la finalidad de la muerte, pero muy frecuentemente todavía participan en pensamientos imaginarios y
mantienen la creencia que sus pensamientos y deseos pueden tener el poder de anular la muerte. Esta
creencia puede conducir a la idea que podrían haber prevenido la muerte o debían haber estado allí para
proteger a la persona que murió. Este pensamiento también probablemente conducirá a sentimientos de
culpa y responsabilidad por la muerte de la persona.
Niños en edad intermedia (9 a 12 años). En cuanto a su desarrollo, los niños de esta edad están
leyendo libros de aventuras, contando cuentos de fantasmas y pensando en los superhéroes.
Frecuentemente consideran la muerte como un ser sobrenatural que viene y se lleva a alguien. A pesar
de que piensan en la muerte como en algo que les sucede principalmente a las personas mayores, se
dan cuenta de que les puede suceder a los jóvenes, a sus padres, a sus seres queridos. En esta edad,
pueden desarrollar temores de que sus padres mueran o tener pesadillas sobre la muerte de un amigo o
de un ser querido. Pueden también pensar que las personas mueren debido a alguna maldad que hizo la
persona fallecida, o alguien alrededor de ellos (la muerte es un castigo por el mal comportamiento). De
nuevo, este tipo de pensamiento puede conducir a sentimientos de culpa y remordimiento.
Adolescentes (13 a 18 años). Para cuando los niños llegan a la escuela intermedia, probablemente
entienden la muerte tanto como la entienden los adultos. Comprenden que es permanente y que
eventualmente les ocurre a todos. Los adolescentes pasan mucho de su tiempo pensando, soñando y filosofando sobre la muerte. Frecuentemente se hallan
fascinados con la muerte y fantasean sobre su propia
muerte consternando a sus padres. Imaginan su propio
funeral, por ejemplo, quiénes asistirán, cuánto sufrirán
las personas, y cómo ellos desearían haber sido más
bondadosos con esas personas cuando estaban vivos.
Aun con esta preocupación sobre la muerte, pueden
sentirse inmunes a ella, y participar en
comportamientos que desafían la muerte, como manejar
sus autos irresponsablemente o tomar o consumir
drogas.
Cómo informar a un niño o niña de una
muerte
Todas las familias tienen que lidiar con la muerte en
su propia manera dependiendo de su relación con el
individuo, sus tradiciones culturales, creencias
religiosas y la edad y nivel de desarrollo del niño o niña.
Las siguientes sugerencias pueden guiar a los padres en
esta tarea difícil:
- Ubique y hable con su niño rápidamente, antes de
que sus amigos u otros parientes traten de
explicarle lo sucedido.
- Busque un lugar silencioso para informarle a su
niño o niña, y hágalo de una manera calmada y
suave.
- Empiece con una introducción y prepare a su niño o
niña para las malas noticias. Quizás pueda decir:
“Una cosa muy triste sucedió. El abuelo ha
fallecido”. Si su niño está en edad preescolar,
podría necesitar explicar lo que la palabra “falleció”
significa. “Fallecido o muerto” puede ser definido
como “quien ya no vive”. Hable con su niño o niña
sobre lo que significa estar vivo: “Cuando estás vivo
puedes respirar, caminar, hablar, ver, oír. El abuelo
ya no puede hacer esas cosas”.
- Use lenguaje claro, como “morir”, “murió”, “cáncer”
o “su corazón dejó de trabajar”. Evite usar lenguaje
confuso o poco claro, como “fallecer”, “ya no está
con nosotros”, “está con los ángeles”, o “se fue”. Y
evite especialmente cualquier referencia al sueño.
Los niños pequeños asumirán naturalmente que su
ser amado se levantará eventualmente.
- Explique los datos básicos y permita que los
detalles vengan después en forma de preguntas.
Permita que su niño o niña muestre emociones
fuertes y diga: “Algunas personas lloran cuando
están acongojadas y otras personas no muestran
sus emociones. No quiere decir que no quieran a la
persona que murió”.
- Describa lo que pasará en los días siguientes y cuál
será el papel de su niño en esos sucesos. Describa
los preparativos para el funeral, el entierro y las
costumbres relacionadas a la cultura y religión
específicas de su familia, dónde estará usted, dónde
estarán los demás, y quién los visitará o se quedará
en su casa.
- Provea la seguridad de que la vida eventualmente
volverá a ser normal. Explique a su niño o niña que
volverá a la escuela en unos días, y que volverá a
ver a sus amigos de nuevo. La familia volverá, lo
más que se pueda, a sus actividades regulares pero
sin el ser querido. Ayudar a los niños a mantener
una visión positiva, aun en momentos de dolor,
ayudará a asegurar su recuperación saludable del
dolor. (Para obtener buenos consejos en el
desarrollo de la recuperación de los niños, vea la
guía de la American Psychological Association en la
sección de “Recursos” que aparece a continuación.)
La reacción de los niños ante la muerte
La aflicción infantil es diferente de la aflicción que
experimentan los adultos. La aflicción de los adultos
generalmente se experimenta inmediatamente, de
manera más intensa, y con frecuencia más brevemente.
Usted puede observar algunas de las siguientes
manifestaciones en los niños que están sufriendo la
pérdida de un ser querido:
- Ellos son más capaces de dejar su aflicción por
períodos de tiempo. Podría verlos participando en
juegos poco tiempo después de haber sido
informados sobre la muerte, como si nada hubiera
sucedido.
- Tienden a estar afligidos por un período más largo
de tiempo y más esporádicamente.
- Frecuentemente se volverán más dependientes y
necesitarán apoyo adicional aun con la iniciación y
continuación de actividades rutinarias.
- Pueden tener sentimientos de irrealidad, como si
todo esto le estuviera sucediendo a otra persona.
- Pueden describirse como cansados o aburridos, y
pueden experimentar disturbios de sueño.
- Pueden estar preocupados por la persona que
falleció; sucesos simples como un partido en las
Ligas Menores puede desencadenar una memoria o
sentimientos de añoranza, como: “Me hubiera
gustado que el abuelo hubiera estado aquí durante
el partido”.
- Podrían tener momentos difíciles concentrándose,
pueden convertirse en niños demasiado activos y
tener dificultad con el trabajo escolar.
- Podrían volverse agresivos, con poca paciencia, e
incluso participar en comportamientos destructivos
poco característicos.
- Podrían regresar a tener un comportamiento de un
período temprano de desarrollo, como mojar la
cama mientras duermen, chuparse el dedo pulgar,
desear dormir con la luz prendida o dormir con un
objeto de transición como un oso de peluche. La
regresión es un síntoma común de la aflicción.
Ayudar a los niños a lidiar con la muerte
- Los funerales y los servicios conmemorativos nos
ayudan a aceptar la muerte y proveen el amor y
apoyo de familiares y amigos. Estos servicios
podrían ser más importantes para los niños que
para los adultos. En forma de invitación, pregunte a
su niño o niña si quiere asistir al funeral. No lo
obligue a asistir al funeral si se muestra inflexible.
- Hable, escuche y déle amor a su niño o niña. Los
niños pueden tener preguntas interminables y
necesitar seguridad. Sea paciente y comprensivo
cuando escuche la misma pregunta una y otra vez.
No tema decir: “No sé”. Recuerde que él o ella
observará sus reacciones y las usará como ejemplo.
- Trate de mantener las rutinas de su niño o niña lo
más normal que se pueda, o por lo menos vuelva a
la rutina normal en cuanto lo permitan los sucesos.
- Los niños necesitan ayuda para expresar sus
sentimientos. Anime a su niño o niña a hacer
dibujos de la persona fallecida o a hablar sobre esa
persona o incluso escribir cartas.
- Leer libros sobre la muerte puede ser útil, pero
asegúrese que el libro transmita el tema o mensaje
que usted desea transmitir. Las diferentes creencias
culturales y religiosas pueden entrar en conflicto
con el mensaje y las actividades descritas en
algunos libros.
- Provea a su niño o niña con oportunidades de hacer
algo en memoria de la persona que falleció: prender
una vela, plantar un árbol, hacer un álbum de
recortes o dar un regalo en memoria de la persona
que falleció.
Cuándo los padres deben preocuparse
éstas son algunas señales de aviso de que los niños
necesitan ayuda para lidiar con la aflicción:
- Negativa de asistir a la escuela, especialmente por
temor de que algo les pase a sus padres o a ellos
mismos.
- Síntomas físicos que no se van, incluso después de
una vista al médico para asegurarse de que están
bien. Preocúpese especialmente si los síntomas
físicos parecen estar relacionados a los síntomas de
la persona que murió (por ejemplo, si la persona
que murió lo hizo de un ataque al corazón, el niño
sufre de dolores al pecho sin explicación, o si la
persona murió de un infarto cerebral, y el niño se
queja de dolor de cabeza).
- Los temores y ansiedades que interfieren con las
actividades normales o rutinarias. Dé a su niño un
tiempo razonable para sentir pena, pero si su niño o
niña continúa teniendo ansiedades, entonces algo
puede no estar bien. Preocúpese de manera
especial si este comportamiento se observa en
diferentes situaciones como la escuela, el hogar o
en la comunidad.
- Depresión que continúa por un período largo de
tiempo. Frecuentemente la depresión viene como
resultado de una pérdida importante como la
muerte de un ser querido, la muerte de un animal
doméstico o un divorcio. Los síntomas de la
depresión pueden incluir no participar en
actividades, poca concentración, falta de energía
significativa, sueño con interrupciones, pérdida del
apetito, tristeza abrumadora y llanto constante.
Preocúpese si estos signos se presentan casi todo
el día por un período de dos semanas. Preocúpese
si su niño o niña está más preocupado de la muerte
de lo que usted piensa es normal o confortable.
Otro apoyo para niños que sufren
Además de sus amigos y familia, las siguientes
personas y organizaciones pueden ser de ayuda: el
clero, el director del funeral, el psicólogo escolar o el
consejero, un hospicio, un centro local de salud mental,
grupos locales de apoyo a personas que sufren de
aflicción por la muerte de un ser querido y grupos de
apoyo en línea. Recuerde que no toda ayuda es útil.
Algunas veces la ayuda ofrecida no satisface las
necesidades de la familia o las necesidades individuales
o expectativas, y por lo tanto el padre o madre debe
sentir confort al contactar otros recursos. Las
publicaciones y sitios web que se mencionan a
continuación pueden ofrecer información y apoyo a las
familias que sufren de aflicción por la pérdida de un ser
querido.
Recursos
American Psychological Association. (2003). Resilience
for kids and teens: A guide for parents and teachers.
Washington, DC: Author. Disponible en:
http://helping.apa.org/resilience/kids_pt.html
Fitzgerald, H. (1992). The grieving child: A parent’s
guide. Nueva York: Fireside. ISBN: 0-671-76762-3.
Silverman, P. R. (2000). Never too young to know: Death
in children’s lives. Nueva York: Oxford University
Press. ISBN: 0-19-510955-4.
Wolfelt, A. (1996). Healing the bereaved child: Grief
gardening, growth through grief, and other
touchstones for caregivers. Ft. Collins, CO:
Companion. ISBN: 1879651106.
Worden, J. W. (1996). Children and grief: When a parent
dies. Nueva York: Guilford. ISBN: 1572301481.
Para los niños
Gootman, M. E. (1994). When a friend dies: A book for
teens about grieving and healing. Minneapolis: Free
Spirit. ISBN: 0915793660.
Greenlee, S. (1992). When someone dies. Atlanta:
Peachtree (for ages 9–12). ISBN: 1561450448.
Wolfelt, A. (2001). Healing your grieving heart for kids.
Ft. Collins, CO: Companion. ISBN: 1879651270.
Sitios web y organizaciones
America Hospice Foundation—
www.americanhospice.org
American Psychological Association—www.apa.org
Compassionate Friends—www.compassionatefriends.org
Griefnet—www.griefnet.org (has an excellent area for
children)
Mister Rogers—www.misterrogers.org (see the booklet,
Grieving for children 4–10 years)
National Association of School Psychologists—
www.nasponline.org
James Batts, PhD, NCSP, es miembro de la facultad del
programa de Psicología Escolar de la Universidad de
Eastern Kentucky.