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Destrezas de organización para los niños

Organizational Skills for Children

Información para los padres

por Gail Epstein Mengel, Ph.D., NCSP
Escuelas Públicas de Longmeadow, MA

Introducción

Frecuentemente tomamos por sentado la habilidad para organizarse. Desafortunadamente, cuando los niños son desorganizados,  los fracasos que resultan de esto lo adjudicamos la vagancia, falta de motivación, irresponsabilidad y postergación de las cosas por hacer.  Sin embargo, lo opuesto es típicamente la realidad.  En lugar de ser el resultado de un problema de motivación, la desorganización es más a menudo su causa.  Tanto si la tarea consiste en organizar espacios, materiales, información o procedimientos, el tener pocas destrezas de organización puede ser un obstáculo real para el aprendizaje y la ejecución, y también puede disminuir la motivación.  Las pocas destrezas de organización pueden ocasionar fracaso en niños brillantes y provocar estrés emocional en niños emocionalmente saludables.  Sin embargo, cuando se entienden las causas del problema, los niños desorganizados pueden ser “entrenados”, en lugar de presionados, a mejorar a través de los esfuerzos de padres y maestros.

Desarrollo

La desorganización de los niños es una preocupación común en el salón de clases. La desorganización ha sido identificada como una de varias características claves del Trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH),  pero también ha sido reconocida como un distintivo de un “impedimento de aprendizaje no verbal” o un estilo de aprendizaje distinto.  Para los padres, saber que la desorganización de su hijo no es intencionada o el resultado de un problema de motivación, les brinda alivio, esperanza, empatía y entendimiento de la situación de su hijo.  Algunas observaciones acerca del desarrollo presente o pasado del niño pueden ayudar a distinguir entre el niño que es desorganizado principalmente por factores emocionales o motivacionales y el niño que es desorganizado debido a diferencias en su estilo de aprendizaje.

Diferencias en el estilo de aprendizaje:   Algunas claves que nos ayudan a identificar estilos de aprendizaje distintos incluyen el haber tenido problemas durante la niñez temprana con los conceptos de tiempo y espacio (como arriba, abajo, derecha e izquierda; antes, después, mañana, ayer).  Cuando estos niños entran en la edad escolar, el aprendizaje de información en secuencia, por ejemplo aprender los meses del año, aprender a decir la hora, seguir instrucciones en secuencia y el aprendizaje de rutinas,  procedimientos e itinerarios son difíciles para ellos.  Saber dónde empezar, qué hacer después, planificar, dar prioridad, establecer itinerarios, completar tareas de pasos múltiples y asignaciones a largo plazo, anticipar consecuencias, predecir resultados, utilizar eficiente y efectivamente el tiempo y hacer transiciones fácilmente, están todos relacionados al aprendizaje del concepto de tiempo, que se vuelve cada vez más importante según los niños entren en los grados intermedios y últimos de la primaria.

Una limitación en entender los conceptos de espacio y tiempo puede aparecer en los primeros años, y se puede observar a través del desinterés por los rompecabezas, inmadurez en las destrezas de dibujo y no saber en qué posición situar su cuerpo.  Las dificultades en la escuela primaria aparecen mayormente en la escritura: la escritura puede ser ilegible, dejando poco espacio entre palabras, desnivelada en tamaño e inclinación y “flotando” sobre las líneas.  Las columnas pueden ser onduladas.  El  invertir letras puede persistir.  La expresión escrita puede dejar mucho que desear debido a que el niño se concentra tanto en el movimiento del lápiz, que reduce su concentración en las ideas que está tratando de expresar.

Las matemáticas son a menudo un problema.  En los primeros grados, el no poder mantener las columnas en línea recta puede fácilmente limitar al matemático joven, cuyas respuestas entonces no tendrán sentido.  Llevar y tomar prestado (reagrupar) y las relaciones de enteros y mitades (decimales, fracciones, porcentajes) pueden ser particularmente dificiles de comprender para niños desorganizados.

Organizar los pensamientos de una manera convincente y coherente, y permanecer concentrado en el tema de una lección puede ser un gran problema.  Muy a menudo, la información que reciben los niños desorganizados a través de sus sentidos parece ser difícil de clasificar, categorizar y ordenar por secuencia de manera significativa o lógica.  Muchas veces no logran identificar los patrones y rutinas de procedimientos simples o eventos diarios.  Tampoco pueden identificar los detalles importantes de los menos importantes y por lo tanto, no pueden organizar por prioridades.  Ellos pueden sentirse fácilmente confundidos y algunas veces desorientados en el tiempo y el espacio.  En un sentido real, están frecuentemente inseguros de “qué lado va arriba”.  A menudo los padres de niños muy desorganizados informan de accidentes frecuentes y pobre coordinación motora.  Entonces no es de sorprender que estos niños no quieran arriesgarse a tratar, sin tener la seguridad de que puedan triunfar.

¿Qué puedo hacer como padre?

Una reacción natural es decirle a un niño desorganizado que “tome control de sus actos”.  Sin embargo, este enfoque —sin ayudarlos a mejorar a través del adiestramiento— puede crear más frustración, desesperación y resentimiento.  De hecho, la presión, amenaza y reacciones cargadas de emociones negativas pueden “apagar” al niño desorganizado y perjudicar sus intentos de animarlo a actuar.  Debido a esto, es importante darse cuenta de que cómo se enseña es tan importante como lo que se enseña.  Para mostrarles el camino a la independencia es mejor emplear un estilo de enseñanza donde predomine la neutralidad y la paciencia.

Una parte importante de este enfoque es ayudar a los niños desorganizados a obtener un sentido de control sobre sus vidas.  El sentir que pueden superar y controlar su desorganización permite que desarrollen la motivación interna para organizarse. Adiestrarlos a simplificar las tareas, utilizar estrategias, tomar decisiones y aumentar su conocimiento de los procesos del pensamiento, ayuda a desarrollar este sentido de control. A pesar de que el desarrollo de estrategias adicionales puede ser necesario dependiendo de cómo los problemas del niño influencian su rendimiento, existen algunos planteamientos útiles para mejorar las destrezas de organización, los cuales pueden ser aplicados a todos los estudiantes.

Enseñe cómo simplificar la tarea.  Hacer una asignación a largo plazo (reporte de un libro, proyecto o ensayo) es una tarea abrumadora que se presta fácilmente a este proceso de simplificación.  Esta tarea puede ser dividida en segmentos grandes como (a) seleccionar el tópico, (b) localizar libros y materiales para la investigación, (c) tomar notas en fichas, (d) escribir el primer borrador, etc.  Los segmentos más pequeños como planificar el viaje a la biblioteca y comprar las fichas también deben ser establecidos.  Cuando una tarea larga es dividida en pequeños pasos, partes, categorías o secciones, cada parte se convierte en una tarea más manejable e incrementa el interés en seguir tratando.

Otro ejemplo de cómo las tareas pueden (y necesitan) ser divididas más aún, ocurre en el proceso de hacer la tarea escolar.  El “romper” la tarea en pedazos y trozos nos ayuda a entender dónde puede estar fallando el proceso.  La tarea escolar lista para entregar puede dividirse en (a) copiarla en la libreta de asignaciones en forma precisa; (b) encontrar y traer a casa los materiales correctos para completarla; (c) planificar el tiempo para hacerla; (d) hacerla; (e) colocarla en el lugar adecuado para llevarla a la escuela; y (f) entregarla en la escuela.  La tarea entonces se convierte en una estrategia (ver abajo) para identificar la etapa específica donde existe el problema e identificar posibles maneras para arreglarlo.

Enseñe estrategias.  Las estrategias son técnicas que ayudan a realizar el trabajo más fácilmente, rápidamente y/o de una mejor manera.  Pueden ser sólo atajos para ahorrar esfuerzos o planes bien pensados.  A menudo, incluyen el uso de “accesorios”.  Las listas de cosas “por hacer” son accesorios claves para la organización.  Proporcionan un sentido de logro inmediato debido a que demuestran el progreso visible con cada marca de cotejo que identifica el paso completado.  Los cronómetros animan a los niños a evaluar el tiempo que les toma completar varias tareas (incluyendo las asignaciones escolares y las tareas que involucran organización) y los ayudan a planificar actividades.  Las agendas u horarios para planificar actividades extracurriculares ayudan a los estudiantes a ver el tiempo en bloques visuales.  Escribir sus obligaciones y compromisos en esa agenda u horario y seleccionar los bloques de tiempo para completar las asignaciones, anima al niño a tomar decisiones y aumenta aún más su conciencia del tiempo y las destrezas de planificación.

Utilizar contadores de tiempo de 60 minutos, para así hacer una “carrera contra el tiempo” para hacer las tareas cotidianas —tales como prepararse en la mañana para ir a la escuela o limpiar un cuarto— ayuda a hacer divertido el trabajo y lo hace más importante si está ligado a un privilegio o recompensa por completarlo en el tiempo límite.  Delinear los pasos de una asignación a largo plazo en un calendario mensual con pasos aún más pequeños divididos en asignaciones diarias, ayuda a finalizar el trabajo con menos estrés que si se deja para hacerlo a último minuto.

Escribir un grupo de criterios para guiar la acción ayuda a que las decisiones sean más claras y fáciles de tomar.  Para el niño que es desorganizado, una aplicación de esto es saber qué organizar y qué botar.  Con reglas claras al respecto no se almacena innecesariamente en cuadernos y escritorios.  Utilizar envases duros de toda clase —cajas, latas, carpetas, etc.- e identificarlos con palabras y quizás también con ilustraciones, ayuda a colocar las cosas en sus respectivos lugares y las hace más fáciles de encontrar. La codificación usando colores destaca los grupos o patrones y da un sentido de visión general de la organización.  La selección de materiales para la clase y para las asignaciones es más fácil cuando los separadores de materias de clases de una carpeta de tres argollas coordinan también con los colores de los forros de los libros de las diferentes materias, y la materia es coloreada usando el mismo color en la agenda u horario de clase.

Permita espacio para tomar decisiones.  Los niños desorganizados son frecuentemente indecisos.  Tienen escritorios y libretas desordenadas porque no pueden decidir qué deben guardar y qué botar (ellos necesitan criterios).  No hacen su tarea porque no pueden decidir por dónde empezar y qué hacer después.  La organización requiere tomar control sobre el tiempo, materiales y procedimientos.  Tomar control requiere tomar decisiones. Esto puede ser dirigido de varias maneras:

Proporcione alternativas apropiadas a su edad (con las cuales se sienten seguros, ya que el adulto proporciona las alternativas para escoger).  Proporcionar demasiada estructura a los niños mediante la eliminación de alternativas disminuye su confianza en su habilidad de tomar decisiones por cuenta propia.  Poco a poco dirija con sus preguntas en lugar de dar la respuesta a cada pregunta.  Ayúdelos a crear conciencia de la necesidad de tomar decisiones con sus comentarios (“Buena decisión”, “Esa decisión significa que tú podrás...”).  Dibuje “árboles de decisiones” para ilustrar las alternativas y sus resultados (“Si lo hago de esa manera, entonces pasará esto”).  Modele en voz alta cómo usted está tomando una decisión sobre un tema, para que ellos puedan ver el lenguaje interno que usted utiliza.  Enséñeles a desarrollar listas con los pros y contras que los ayude a que sus decisiones sean más obvias.  Ayúdelos a limitar las alternativas eliminando la alternativa menos deseable primero y trabajando las demás de atrás hacia adelante.

Ayúdelos a crear conciencia de su pensamiento activo. Los niños desorganizados a menudo se acostumbran a que los adultos les hagan las cosas, porque no pueden esperar que ellos las completen.  Sin embargo, cuando aprenden a no pensar y a no hacer las cosas ellos mismos, se vuelven menos atentos a lo que dejaron atrás, olvidaron, colocaron mal o dejaron de hacer.  Diríjase a ellos de una manera positiva para reforzar las conductas del pensamiento.  Utilice palabras específicas de “pensamiento” para resaltar los momentos de conciencia y autodirección: “Te acordaste (de poner la asignación en tu mochila)”, “Notaste (que no pusiste el encabezado en tu asignación”), “Te diste cuenta (de que estabas distraído”), “Te diste cuenta (que tus libros de la biblioteca se vencían hoy)”, “Reconociste (que por poco omites esa palabra en la oración)”, “Pensaste acerca de eso”, “Buen plan”, “Utilizaste una estrategia”, etc., son maneras de animarlos a pensar por sí mismos.

Resumen

Los niños desorganizados son difíciles de manejar.  Ellos necesitan de nuestra paciencia y del trabajo basado en etapas, para que así puedan ver las distintas partes y los pasos de cada tarea.  El amenazarlos puede confundirlos.  El darles mucha responsabilidad puede inmobilizarlos.  Pero apresurarse a ayudarlos puede minimizar la confianza en sí mismos y su habilidad de tomar decisiones en la vida.  Una manera más prometedora consiste en adiestrarlos desarrollando lenta y gradualmente progreso tras progreso y apreciando cada paso que toman hacia su independencia.  La empatía, la comprensión, el trabajo en equipo y la comunicación entre los padres, la escuela y el niño ayudan enormemente en este proceso.

Expresamos agradecimiento a Kathy Gibson, estudiante de psicología escolar en la Universidad del Sur de Florida, por su revisión de este folleto.

Traducido y adaptado de A. Canter & S. Carroll, (Eds.), Helping Children at Home and School: Handouts From Your School Psychologist. (1998). Bethesda, MD: NASP, pp.  75-78.